Vol. VII Colección 1-C4

Por alguna extraña razón uno nunca es el primero en una fila, las filas existen porque siempre hay alguien ahí parado antes de llegar. Y eso, más que molestia, es prueba de algo que se olvida con facilidad; a saber, que el tiempo no gira en torno a uno mismo.
Esperar pone en evidencia que no todo es inmediato, que existen ritmos ajenos, demoras inevitables, otros con prioridad. Por eso incomoda, porque obliga a reconocer que hay un orden distinto al propio y a nuestra urgencia. La fila no solo es espera, es una renuncia momentánea al control; una pausa impuesta que, lejos de calmar, irrita. Porque nunca aprendemos a esperar, porque todo está hecho para evitar la demora.
Y sin embargo, hay algo profundamente humano en ese estar parados, mirando sin hacer, compartiendo con otros la simple condición de no poder avanzar aún; esto es, la fila recuerda que, a veces, vivir es esperar.
También es, sin decirlo, una forma silenciosa de convivencia. De asumir que hay otros con necesidades, urgencias y destinos distintos. La fila nos recuerda que el tiempo de los demás también vale. Que no somos los únicos con prisa, con agenda, con derecho a avanzar primero.
Por eso incomoda tanto: porque exige reconocer que hay alguien más. Y no solo alguien adelante, sino muchos detrás. Y que todos, de algún modo, están esperando algo. Así, en su modestia, formarse en una fila es un pequeño acto de democracia cotidiana. Una interrupción que obliga a mirar alrededor y asumir su lugar, no como el primero, pero tampoco siendo siempre el último. Quizá una fila no tenga muchas lecciones consigo, pero ayuda a recordar que no hay urgencia que justifique pasar por encima de nadie.
Y así como uno toma su lugar, cada uno se forma en la fila que quiera: la del trámite, la del amor, la del perdón, la del éxito, etc. Todos esperamos algo. Y eso es, quizá, lo que molesta tanto de las filas: nos recuerda eso que no tenemos. Demuestran que necesitamos al otro para hacer una fila, pero también para un trámite, también para amar, también para ser perdonados; quién sabe si para ser exitoso.
Las filas y la espera son lo más humano del mundo; los perritos se avientan por ver quién llega primero; nosotros, al menos, fingimos un buenos días cuando llegamos a una fila. Y así, sin querer, formamos una sociedad de gente desesperada que no llega a ningún lado, pues olvidamos que la espera es también parte del camino.
¿Cómo referenciar?
Cerna, Daniel. “La utilidad de las filas; o sobre la espera y los otros” Revista Horizonte Independiente (Columna Cultural ¿Y qué tal sí?). Ed. Brayan D. Solarte, 05 abr. 2026. Web. FECHA DE ACCESO.
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