“Piensa libre, sé independiente”
ISSN: 2
711-4848

¿Por qué la frenología dejó de ser una ciencia?

Juan Camilo García Córdoba

Autor externo.
Estudiante Programa de Filosofía, Universidad El Bosque. 

Vol. VI Colección C1-C18

La frenología es una teoría pseudocientífica creada en el siglo XIX. Alrededor de 1810, Franz Joseph Gall fundó la frenología tras la publicación de Anatomía y fisiología del sistema nervioso en general y del cerebro en particular. Su práctica consistía en medir protuberancias en el cráneo humano y, de esta forma, llegar a diferentes conclusiones con base en mapas craneales. Los tamaños de las protuberancias y la ubicación de áreas cerebrales establecidas en diferentes manuales publicados después de la propuesta de Gall sirvieron como argumentos para llevar a cabo su práctica.

A mediados de 1800, la gente comenzó a adoptar percepciones y pensamientos determinados por este tipo de mediciones. Los ciudadanos de Inglaterra, donde se hizo popular la frenología, empezaron a adquirir hábitos de marginación, arrogancia e indiferencia hacia otros ciudadanos que no cumplieran una estética formal predispuesta. La estigmatización causada por las conceptualizaciones adquiridas con respecto a los perfiles psicológicos basados en técnicas frenológicas brotó de manera secuencial con su práctica. Esto ocurrió debido a que el postulado frenológico fue “[…] considerado también como verdad filosófica anunciada, esto es, como fenómeno unido y enlazado a su inmediata causa, sin haberse reunido una cantidad suficiente de datos que naturalmente la sacasen del terreno de la duda” (Cubí i Soler 66). Dicho postulado sostenía que las personas de gran cabeza eran sagaces, las de cabeza pequeña, “estúpidos”, y las de cabezas piramidales, desvergonzadas.

Poco a poco, la frenología comenzó a perder validez científica. Esto sucedió porque, en 1838, Theodor Schwann descubrió las neuronas. Este descubrimiento alteró la línea de argumentación de la frenología, que fue reemplazada progresivamente por la psicología y la neurología. Debido a ello, la idea de la frenología como ciencia comenzó a ser desacreditada a finales de la década de 1850 y murió en 1880, después de que Santiago Ramón y Cajal demostrara que las neuronas son células individuales. A partir de las observaciones de Ramón y Cajal, la metodología de los frenólogos quedó falseada. Karl Popper (1902-1994) sugirió que un modelo científico positivo debe ser sostenido de manera empírica, aun cuando pueda ser refutado. Con todo, la frenología no pudo sostener evidencia empírica que, con base en el descubrimiento de las células neuronales, argumentara a su favor, demostrando que no era posible deducir rasgos de la personalidad o habilidades mentales a partir de la forma del cráneo. Por lo tanto, el modelo teórico pasó de ser una ciencia a una pseudociencia.

Quedó claro que el cerebro no funcionaba de la manera en que la frenología proponía. La ciencia descartó el modelo de medición frenológico debido a que los avances de la neurociencia y la psicología desacreditaron sus conclusiones, proponiendo modelos más sofisticados e innovadores y basados en pruebas más contundentes. Lo que plantearon la neurociencia y la psicología, y que la frenología nunca pudo proponer, fue mayormente aceptado y estableció un cambio de paradigma en la época.

Thomas S. Kuhn (1922-1996) escribió su libro La estructura de las revoluciones científicas en 1962. En él propone que la historia de la ciencia debe ser tomada en cuenta y evaluada de manera práctica en relación con su contexto. De esa forma, puede adquirir un sentido fijo y limitado, pero al mismo tiempo modificable y alterado mediante el desarrollo científico.

La “revolución científica” es el momento en que se ponen en marcha las circunstancias para lograr cambios y desarrollo en la ciencia. Dichos casos ocurren en eventos históricos, culturales o sociales que aparecen bajo un contexto anómalo y son conocidos como paradigmas o anomalías. El descubrimiento de las neuronas fue un punto de partida hacia la caída del paradigma frenológico.

Así como Gall planteó que las facultades mentales “pueden ubicarse” en zonas específicas del cerebro, no explicó de qué manera. Paul Pierre Broca descubrió en 1864 que sí, en efecto, existen secciones del cerebro humano involucradas particularmente con facultades motoras y/o sensitivas de manera preestablecida. Después de un estudio metódico al paciente conocido como “Tan” —ya que cada vez que intentaba comunicarse producía dicho sonido—, Broca concluyó, tras un análisis del parénquima del paciente y después de que este diera consentimiento informado antes de fallecer (estudio post mortem), que efectivamente existía una lesión en la tercera circunvolución anterior del lóbulo frontal, en las secciones opercular y triangular del hemisferio dominante frontal. Concluyó así que, contrario a lo que Franz Joseph Gall (1758-1828) había planteado fisiognómicamente, las “facultades mentales” no están ubicadas en escalas lobotómicas de manera localizacionista, sino de manera histológica (Arias y Walter 36).

Existen casos similares, como el de Phineas P. Gage (1823-1860), que proporcionó evidencia contemporánea sobre la relación entre el cerebro y la personalidad localizada en los lóbulos frontales, y los estudios de Carl Wernicke. Gracias a estas observaciones, la teoría científica cambió su visión del mundo y lo que se conocía como frenología en la sociedad de aquel tiempo en Estados Unidos e Inglaterra. Con el tiempo, fue desacreditada como ciencia, aunque aportó indirectamente a sentar bases en varios campos que fundamentaron futuras investigaciones.

¿Por qué los resultados de dichas prácticas no pudieron ser sostenidos y ahora pensamos de manera diferente?

La frenología trajo consigo impactos políticos y sociales profundos en el siglo XIX, en su mayoría problemáticos y bajo un fuerte criterio de discriminación. Bajo una supuesta “justificación científica”, las ideas frenológicas favorecieron el racismo, el clasismo y la exclusión social, así como la discriminación hacia diferentes grupos, comunidades o individuos que, debido a diversas razones, se encontraban en situaciones de menor acceso a recursos de integración social.

Algunos tipos de prácticas de control social pudieron ser respaldados mediante juicios basados en la creencia en la superioridad y en un clasismo etnocéntrico, excluyente en sociedades de élites y contextos sociales y económicos, donde predominaban el poder y el concepto de estatus racial. Aunque fue descartada con base en los hallazgos de la investigación, puede que ese no haya sido su único fin. Los conceptos de popularización y cultura también pudieron tener un peso aún mayor, ya que la ciencia se basa en nociones sociales como la autoridad y la cultura para poder madurar, siendo un proceso complejo y multifacético.

Cabe aclarar que, dada la importancia de una ciencia rigurosa —basada en métodos científicos precisos y en la ética— en los estudios desde la conducta humana hasta el cerebro humano, la confiabilidad que proclamaba la frenología se vio reducida frente a criterios de verificación empírica y comprensión racional. Esto comprometió la consistencia de los resultados, su interpretación y su replicabilidad, aspectos esenciales para garantizar la validez científica.

Referencias: 

Aguilar Rebolledo, F. “Plasticidad cerebral: antecedentes científicos y perspectivas de desarrollo.” LILACS, 1998.

Arias, G., y Walter, L. “Phrenology and Its Implications: Brief History about a Forgotten Issue.” Universidad Católica San Pablo, 2018, pp. 36–45.

Cardoner, Antonio. “La Fisiognomía hasta el siglo XIX.” Revista de Dialectología y Traducciones Populares, vol. 27, no. 1, 1971.

Cubí i Soler, M. La Frenologia i su gloria. Barcelona, 1850.

Damasio, Antonio. El error de Descartes. Crítica, 2011.

Feyerabend, Paul K. Tratado contra el método. Ariel, 1975.

García-Albea, E., y García-Albea, J. “Mariano Cubí, Propagador de la Frenología en España. Con un Breve Recuerdo del Auge y Caída de la Frenología.” Neur. Historia, vol. 2, no. 3, 2014, pp. 94–105.

Kuhn, Thomas S. La estructura de las revoluciones científicas. Fondo de Cultura Económica, 1962.

¿Cómo referenciar?
García Córdoba, Juan Camilo. “¿Por qué la frenología dejó de ser una ciencia?” Revista Horizonte Independiente (Columna Científica). Ed. Brayan D. Solarte, 04 ago. 2025. Web. FECHA DE ACCESO.

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