“Piensa libre, sé independiente”
ISSN: 2
711-4848

Medoro como prototipo de la redención benjaminiana

Columnista RHI

Vol. VI Colección C1-C17

Esta columna aborda la importancia que el filósofo alemán Walter Benjamin otorga, en uno de sus discursos radicales, a los perros, en particular al perro llamado Medoro. Este —el perro— es el único ser vivo que mantiene un vínculo con su antiguo amo, quien ha sido olvidado por todos los que lo rodeaban. Este planteamiento posibilita la exploración de una filosofía posthumanista en Benjamin, la cual puede interpretarse como un devenir animal o como una filosofía que desafía la concepción del hombre moderno.

Como es sabido, Benjamin le otorgaba un lugar de importancia a la radio y a cómo esta influenciaba en las sociedades de masas. Sin embargo, no poseía una visión inocente de la radio, como sí lo tenía Einstein. En este sentido, Mariana Dimópulos refleja el pensamiento del físico alemán en estas palabras: “[…] como un instrumento de verdadera democracia, que hacía llegar a todos los hombres por igual la música y el arte. También era un medio para la comprensión mundial, porque servía para desvanecer la sensación de aislamiento entre gente lejana: la técnica de la radio era una conciliadora de los pueblos” (Dimópulos, 2015, 13). Para Benjamin, la radio podía cumplir el sueño de Einstein, pero no necesariamente se reducían todas las posibilidades a eso, puesto que también podría generar adoctrinamiento, discordia y división entre las personas. En definitiva, como toda técnica o instrumento existente, se reduce a cómo es utilizada por la persona, sin tener per se ninguna intencionalidad o fin establecido de un modo definitivo e inamovible.

El biógrafo Bernd Witte expresa los anhelos de Benjamin con la radio, en las siguientes palabras: “Una radio así transformada en medio de diálogo debía suprimir fundamentalmente la «censura entre el público y el realizador» y convertirse por eso en el ejemplo de un nuevo «arte popular» […]”. (Witte, 2002, 137-138)

Después de la fracasada presentación de su Trauerspiel (1924), tesis de habilitación para enseñar en la universidad, Benjamin volcó sus esfuerzos en el periodismo. Primero en los diarios, llegando a consolidarse como uno de los mayores críticos de la literatura alemana, y luego en la radio, realizando sus programas radiales entre 1927 y principios de 1933, utilizándolos como herramienta revolucionaria-pedagógica para sus oyentes, teniendo por objetivo ser escuchado por la juventud (aunque eso no quita que existiera también un público adulto). Presentó algunas emisiones en el Südwestdeutscher Rundfunk de Fráncfort y en la Funkstunde de Berlín.

Los programas radiales de Benjamin, compuestos por casi 90 conferencias —algunos de los cuales posteriormente fueron transcritos, aunque concebidos en formato de narración—, a menudo se consideran como parte menos trabajada desde los estudios críticos a su filosofía, en comparación con sus escritos juveniles. Uno de los motivos para argumentar la falta de interés filosófico de sus programas es que, dentro de su “[…] correspondencia, casi siempre menciona a la radio en el contexto de sus estrecheces económicas” (Rosenthal, 2015, 17). Por lo tanto, sus trabajos radiofónicos se encuentran entre los que “[…] «hago sencillamente para ganarme la vida»” (ídem). Aunque no puede dejarse de lado una valoración positiva, siendo estos textos unos de los más originales y creativos de Benjamin (Rosenthal, 2015, 16).

Los textos mencionados de sus programas de radio han llegado hasta nosotros gracias a la labor del equipo editorial Gesammelte Schriften, quienes se encargaron de buscar los manuscritos de Benjamin, verificar su autenticidad y editarlos para su publicación. Estos escritos fueron rescatados de la destrucción por la Gestapo de manera fortuita y aquello permitió preservar su existencia. Finalmente fueron recuperados en el museo de Berlín Oriental bajo la administración soviética (Rosenthal, 2015, 14).

Una forma de organizar temáticamente los programas de Benjamin, aunque no la única, es mediante las siguientes 8 categorías propuestas por Schiller-Lerg: Cuentos, Conferencias, Hora de libros, Conversaciones, Comedias, Modelos de audición, Juventud y Escuela (Rosenthal, 2015, 15).

Dentro de la categoría de cuentos o historias radiofónicas, se sitúa el programa que nos interesa analizar, titulado “Historias verdaderas de perros”, el cual fue emitido por Radio Berlín el 27 de septiembre de 1930. Benjamin inicia el programa con una descripción de los perros realizada por el científico Carl Linneo. En este contexto, Benjamin reflexiona que de no saber de antemano que la descripción correspondía a un ‘perro’, podría haberla interpretado como la de cualquier otro animal. Además, plantea una pregunta significativa que desafía el paradigma antropocéntrico al decir: “¿No será que cada uno de ellos es un ser único y especial?” (Benjamin, 2015, 120). Luego, Benjamin sostiene, en palabras de Linneo, que los ‘perros’ no deben ser importantes para nosotros únicamente como especie, sino también como individuos, ya que:

Ni un solo perro es igual a otro, ya sea corporal o espiritualmente […] si alguno cuenta de su perro alguna travesura perruna, entonces cada perro se convierte en tema para un estudio de carácter, y si ha vivido alguna experiencia curiosa, sirve para una historia de vida. Incluso en su muerte aparecen particularidades. (Benjamin, 2015, 120)    

Dentro de estas ‘experiencias’ curiosas es donde se sitúa la historia de nuestro perro Medoro y su amo. Aunque no es la única experiencia que Benjamin rescata en su relato para demostrar la importancia de los perros, sí es la única de las mencionadas en la que se puede observar una ‘messianische Kraft’ y otro dado curioso es que Benjamin rescata esta historia, al igual que las anteriores, del Diccionario de perros famosos. Medoro aparece en escena durante la revolución parisina de 1831 y la toma del Museo del Louvre, donde experimenta el hecho catastrófico de perder a su amo, según la narración del poeta Karl Ludwig Börne: “Pase de la coronación de Napoleón a otro espectáculo, que le dio más satisfacción a mi corazón. Visité al noble Medoro. Si en esta tierra se recompensa la virtud con títulos honoríficos, entonces Medoro sería el rey de los perros”. (Benjamin, 2015, 125)  

En el mes de julio, tras la toma del Louvre, los ciudadanos que murieron en la batalla, algunos de ellos desempeñando roles activos y otros considerados daños colaterales, la mayoría de ellos anónimos en los libros de historia. Mientras los cuerpos eran colocados en carretas para ser llevados a la tumba, un perro saltó sobre uno de los carros “[…] emitiendo lamentos que partían el alma” (ídem). El perro siguió a las carretas hasta la gran fosa común, donde pudieron sacarlo con gran esfuerzo, ya que de lo contrario la cal lo habría quemado por completo.

El pueblo “[…] le puso el nombre de Medoro” (ídem). La relación del perro con su amo posee otra dimensión, ya que ambos eran seres vivos anónimos y sin importancia para la historia oficial, con la diferencia de que el perro fue nombrado por el pueblo que presenció el sufrimiento y las lamentaciones de Medoro. El animal sufrió heridas al luchar al lado de su amo en la batalla, y desde la muerte de su dueño “[…] no volvió a abandonar la tumba, gimiendo día y noche alrededor del tabique de madera que cercaba el estrecho cementerio, o lloriqueando de un lado a otro frente al Louvre” (ídem). Se podría especular que su dueño era un extranjero que arribó a París, luchó por su libertad y pereció desangrado, siendo sepultado sin que se conociera su nombre.

Semanas después se fijaron en Medoro y notaron las secuelas de su sufrimiento: “Había enflaquecido hasta lo esquelético y estaba cubierto de heridas supurantes” (Benjamin, 2015, 126). Una ciudadana compasiva le dio de comer y lo curó, pero él regresó a la tumba. Además, sufrió otras peripecias; por ejemplo, cuando fue llevado por personas que querían venderlo a adinerados aficionados a las rarezas.

Pero siempre volvía al lugar de descanso de su amo, sin importar la cantidad de ocasiones que intentaban apartarlo; a veces, se le veía “[…] escarbar frecuentemente un pequeño pedazo de lienzo de la tierra, alegrarse al encontrarlo y volver a cubrirlo con tristeza. Es probable que sea un trozo de la camisa de su amo” (ídem).  Cuando le daban de comer alguna sobra, realizaba el mismo ritual, pero a la inversa, como si quisiera alimentarlo, aunque luego lo desenterraba y se lo comía con melancolía.

Incluso los integrantes de la Guardia Nacional, que prestaban un lugar para que durmiera, le hicieron una cucha propia sobre la tumba. La historia de Medoro, inmortalizada por poetas, músicos y pintores, ha captado la atención debido a la resiliencia que demostró junto a su amo. Sin embargo, como suele suceder, también se convirtió en una atracción turística, vendida como suvenir a los visitantes. Esta dinámica ha permitido que la historia de estos dos seres anónimos y su sufrimiento perdure y se expanda.

Ludwig pudo conocer a Medoro describiéndolo como “[…] un caniche grande y blanco” (ídem). A pesar de que se agachó para acariciarlo, Medoro no le prestó atención debido a la alta calidad de su chaqueta. Sin embargo, él conocía los olores de los amigos de su amo, no los de la burguesía ni los nobles, sino los de aquellos entre los pobres, con quienes se emocionaba al conocer. Esto quedaba demostrado cuando jugaba con la niña andrajosa. Al presenciar esto, nuestro poeta se retiró “[…] avergonzado por mis lágrimas” (Benjamin, 2015, 127).  

Aquí concluye el relato de Benjamin. Son numerosos los casos como este, pero la mayoría terminan pasando desapercibidos en la cotidianidad, siendo solo unos pocos los que logran destacarse y romper la linealidad histórica. Otro ejemplo antiguo, inmortalizado en las epopeyas griegas, es el que se encuentra en La Odisea de Homero. En este relato, Argos, el perro de Odiseo, es el único que lo reconoce cuando está vestido como mendigo en Ítaca, después de casi 20 años de ausencia debido a su participación en la guerra. El perro mueve su cola con sus últimos esfuerzos antes de fallecer.

A partir de este breve texto, se pueden extraer al menos dos conclusiones. En primer lugar, se destaca la importancia que tenían los perros (o animales) para Benjamin, al dedicarles al menos 20-30 minutos en uno de sus programas, resaltando como una de sus principales virtudes su innegable fidelidad a su amo. En segundo lugar, se puede interpretar el comportamiento de Medoro como un ejemplo de redención, o al menos como un acto de no olvido completo, de aquellos vencidos y descartados por la historia normativa.

Finalmente, es necesario mencionar cómo Benjamin retrata el sufrimiento de dos seres vivientes anónimos, un perro y una persona, cuyos verdaderos nombres nunca conoceremos ni su historia completa. Sin embargo, podemos comprender la melancolía que persistió en uno de ellos después de sobrevivir al evento catastrófico de la batalla. ¿Cómo no identificarse con esta historia? Siendo nosotros también seres anónimos para la Historia, sufrimos en nuestra cotidianidad, al igual que los animales con nombres desconocidos, tanto domésticos como no. Nuestro sufrimiento no es menor al de otros seres; experimentamos tantos momentos difíciles como gratos. Es significativo que en un perro como Medoro, se puede presenciar un modelo arquetípico de persistencia en el recuerdo de un ser querido, donde incluso lo espectral habla en un lenguaje divino que no podemos interpretar debido a nuestra Caída.

Referencias:

Benjamin W. (2015): “Historias verdaderas de perros”, En Juicio a las brujas: Crónicas de radio sobre inundaciones, terremotos, asesinatos y maleantes. Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina, Interzona.

Dimópulos M. (2015): “Prólogo”. En Benjamin W. (2015): Juicio a las brujas: Crónicas de radio sobre inundaciones, terremotos, asesinatos y maleantes. Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina, Interzona.

Rosenthal L. (2015): “Walter Benjamin en la radio: una introducción”, En Benjamin W. (2015): Radio Benjamin, España, Akal.

Witte, B. (2002): Walter Benjamin: una biografía, España, Gedisa.

¿Cómo referenciar?
Pereyra, Santiago. “Medoro como prototipo de la redención benjaminiana” Revista Horizonte Independiente (Columna Literaria). Ed. Brayan D. Solarte, 28 mar. 2025. Web. FECHA DE ACCESO.

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