“Piensa libre, sé independiente”
ISSN: 2
711-4848

Esperanza

Columnista RHI

Vol. VI Colección C1-C15

La Esperanza es un bicho azul con blanco que sale en medio de muchos bichos, bocinas y humos en medio de las avenidas y de los centros comerciales, de los semáforos y las sonrisas, que suscita ideas sobre lo que pasará y añoranzas de lo que sucedió. Se recuerda tanto sobre el ser, que deja de ser ese ser y pasa a ser parte del propio ser. Entonces, ¿todavía es? En uno sí, ¿pero en él? Y se olvida el qué. Doble filo recordar a alguien, pero no recordar el qué o el porqué, no recordar los hechos, sino solo a los actores. La Esperanza es un semáforo que cambia, pero regresa una y otra vez; son los edificios altos y grises, las porterías con sus luces de Navidad, las panaderías abiertas a las dos de la mañana, los taxis necios de recorridos cortos y mortales; y los cigarrillos rojos y azules descansando en los labios de los poetas.

Es caos sonoro, caos de ojos alucinados, caos de crestas que no se caen, de cuero y taches, de gritos y golpes… La Esperanza son las mentes ansiosas de ser cuerpos, y almas ansiosas de volver a ser mentes, es vino en el prado, cerveza en los parques, besos en los columpios, en los bichos, en los puentes.

Es una guitarra en medio de los muchachos, cantando historias sobre el querer ser y deber ser, sobre cómo llegar a complacer sin hacer menos al complaciente ni demasiado al complacido… Porque entre la libertad y la necesidad ¿Qué será mejor? Tener libertad o necesitar algo… ambas mueven, pero la necesidad tiene un porqué, tener un porqué enfrenta los cómo ¿Y la libertad? bueno, tal vez la libertad es justamente elegir si necesitar algo o dejarlo ser contingente.

Libertad de necesidad o contingencia, necesitar libertad, tomar la libertad como contingencia, en fin, la Esperanza es una farola que piensa mientras los cuerpos esperan los bichos, que escupe sus ideas en forma de luz para los que son alumnos sin saberlo o sin quererlo.

La Esperanza son máquinas moviendo máquinas, son combustible que mueven billetes, son los músicos y artistas que se despliegan como la misma música y como el mismo arte, en el asfalto, en los bichos rojos, en las paredes de los túneles, en las historias del transmilenio y de los bares. Son los poetas y escritores y filósofos que se deprimen observando, que se deprimen pensando, que se enajenan en las historias y se preguntan sobre la propia.

Pero la Esperanza es también muchas escaleras, muchas puertas, muchas ventanas y muchas llaves. Es una sala con cuadros, sofá, comedor y sillas; es un armario, un librero, una cama y un gato. Un hogar que no es propio pero que al estar allí se siente como si lo fuera, que recibe al final de la jornada y espera como que sin uno no pasa nada y no sucederá nada. Es también un sol amarillito que no quiere dejar las paredes, ni los cuadros, ni las puertas, ni las ventanas, es también un silencio de cielo, roto por los aviones. Es un olor a canela y cigarros rojos y azules, un abrazo fuerte bajo las cobijas, un beso húmedo y unos ojitos cafés que causan más preguntas de las que pueden responder.

¿Cómo referenciar?
Martin´s, Amarilla. “Esperanza” Revista Horizonte Independiente (¿Y qué tal si? Columna Cultural). Ed. Brayan D. Solarte, 08 sept. 2025. Web. FECHA DE ACCESO.

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