La cuerda sobre el abismo: Zaratustra y la necesidad de filosofía en tiempos líquidos
Columnista RHI
Vol. VI Colección C1-C12
«El hombre es una cuerda tendida entre el animal y el superhombre
una cuerda sobre un abismo»
Friedrich Nietzsche, Así habló Zaratustra

En estos tiempos donde la inmediatez nos ata y el ruido digital nos satura con distracciones vacías, volver a Así habló Zaratustra de Friedrich Nietzsche es como abrir una ventana en una habitación sin aire. Pero no se trata de una ventana hacia el exterior, sino hacia el interior de uno mismo. La obra de Nietzsche no es simplemente un texto filosófico, sino una experiencia de ruptura: una invitación a desmontar las estructuras oxidadas que nos impiden pensar y vivir con autenticidad. Esta invitación cobra una especial vigencia en nuestra época, marcada por lo que Zygmunt Bauman denominó «modernidad líquida», una era donde todo es transitorio, frágil y desechable: los vínculos, los valores, el amor e incluso la identidad (Bauman, 2000).
Frente a esa liquidez que diluye el sentido y debilita la voluntad, Zaratustra se levanta como un llamado a cultivar la actitud filosófica. Nos recuerda que la verdadera libertad no consiste en flotar sin dirección, sino en tener el coraje de hundir raíces en uno mismo y reinventarse desde lo esencial.
Nietzsche no redactó un manual ni un evangelio. Zaratustra no viene a decirnos qué hacer, sino a sacudirnos para que nos hagamos cargo de nosotros mismos. Es, en el fondo, un canto a la libertad radical, a tener presente todo aquello que no se limita a romper cadenas externas, sino que exige quemar las internas, quizás las más dolorosas, pero más transformadoras. Por eso su tono es poético, simbólico, a veces críptico; es decir, lo que se juega en sus páginas no es la razón fría, sino el fuego vital de la transformación del Yo. Dice Nietzsche: «Tienes que querer quemarte a ti mismo en tu propia llama: cómo te renovarías si antes no te hubieses convertido en ceniza» (Nietzsche, 2008, p. 49).
Sin duda, Zaratustra baja de la montaña no como profeta mesiánico, sino como testigo de un fuego interior. No impone su visión, sino que la comparte, como todo buen filósofo. En ese gesto habita una idea filosófica poderosa, que la libertad no se alcanza por imitación, sino por transformación; cada uno de nosotros debe atravesar su propio camino, renunciar a las muletas del dogma, la culpa y el resentimiento a la que nos vemos abocados todo el tiempo, solo así puede emerger lo que Nietzsche llama el Übermensch, el superhombre, no como figura superior ni tiránica, sino como metáfora de quien se crea a sí mismo, más allá del bien y del mal heredados. (Nietzsche, 2008)
En una sociedad saturada de fórmulas, de influencers y coaching que todo el tiempo dicen cómo ser ´la mejor versión de nosotros mismos´, Zaratustra ofrece una alternativa más profunda e incluso más incómoda, volver la mirada a uno mismo y ser lo que aún no sabemos que podemos ser, porque el ser nunca termina por conocerse, pero sí puede superarse y mutar. Ser libre no es elegir entre dos productos, es tener el coraje de cambiar desde la raíz.
Pero cambiar desde la raíz implica, primero, desandar caminos. Nietzsche lo muestra con las tres transformaciones del espíritu: el camello que carga el peso del deber, el león que ruge y niega, y el niño que crea. En una época donde el pensamiento crítico se esconde tras eslóganes virales, Zaratustra nos recuerda que la libertad auténtica comienza cuando dejamos de obedecer y empezamos a crear valores, pero también pensamiento crítico, lo cual implica saber tomar distancia y asumir por un tiempo la soledad. Dice: «crear valores nuevos, eso ni siquiera puede hacerlo el león; pero crearse libertad para un nuevo crear, eso puede hacerlo el poder del león» (Nietzsche, 2008, p. 45).
Nuestra cultura de productividad ha reemplazado la verdad por la utilidad, la ética por la popularidad. Hemos normalizado la vigilancia, el autoexamen público, la ansiedad como modo de vida. En ese contexto acelerado de nuestros tiempos el mensaje de Zaratustra es un llamado a recuperar el sentido del sí mismo, sin la mediación del aplauso ni el algoritmo. En especial, teniendo en cuenta que en tiempos de hipercontrol, el Estado ya no es la única figura que enfría nuestra libertad; hoy también lo hacen las plataformas, las métricas, los discursos domesticados. La «cuerda sobre el abismo» de la que habla Nietzsche está más tensa que nunca porque nuestra humanidad se ve presionada por un exceso de ruido y carencia de sentido. Pero Zaratustra, así como toda buena filosofía, no ofrece consuelos, sino que lanza desafíos, ahí está la necesidad de filosofía en tiempos de crisis. Zaratustra representa un desafío que también se cifra en la idea del eterno retorno; es decir, vivir de tal manera que uno esté dispuesto a repetir la vida entera, con sus errores, dolores y destellos de gozo, pero ser capaz de no repetir aquello que genera un dolor o estancamiento en el Ser, porque solo quien afirma la totalidad de su existencia, sin arrepentimientos ni evasiones, puede decir que ha vivido libremente. (Nietzsche, 2008).
La libertad no es para los tibios. No se trata de elegir caminos ya trazados, sino de atreverse a abrir uno nuevo, con riesgo, con juego, con inocencia. Por eso Nietzsche describe al espíritu libre como un niño, el que juega, crea, se arriesga, el que es inocencia y nuevos comienzos, el que se avienta al abismo, sin remordimientos, sino con asombro por lo desconocido.
Zaratustra, entonces, no es guía ni modelo, solo es un fuego, una posibilidad y una provocación. Por ahora uno de mis libros favoritos, que leería una y otra vez, para ver algo nuevo cada vez en esa figura que incomoda porque no acaricia, sino que sacude. Porque, como bien dijo el propio Nietzsche: «Las palabras que no llevan sangre no valen la pena» (2008, p. 65), así como todo lo que constituye un gran acontecimiento en nuestras vidas y que se lleva en el alma y en la carne.
Por eso, quizás ahora más que nunca, necesitamos volver a Zaratustra. No como refugio, sino como provocación. Porque hay palabras que no están hechas para calmar, sino para sacudir. Y las de Zaratustra son de ese tipo, no buscan adeptos ni aplausos, sino personas dispuestas a mirarse de frente, a derrumbar sus certezas y reconstruirse desde lo más hondo. Personas libres, sin máscaras ni pretextos, que ardan con su propia luz.
Bibliografía
Bauman, Z. Modernidad líquida. Fondo de Cultura Económica, 2000.
Nietzsche, F. Así habló Zaratustra (A. Sánchez Pascual, Trad.). Alianza Editorial, 2008.
¿Cómo referenciar?
García Agudelo, Adriana Patricia. “La cuerda sobre el abismo: Zaratustra y la necesidad de filosofía en tiempos líquidos ” Revista Horizonte Independiente (Columna Filosófica). Ed. Nicolás Orozco M., 02 ago. 2025. Web. FECHA DE ACCESO.
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