En mi infancia me esperaba una sensación de vacío. El mundo en el que me encontraba, con su absoluta certeza y desolación, parecía confinado e inhabitable. Anhelaba vistas de largo alcance, civilizaciones y sabiduría antigua que me permitieran captar el significado genuino de la vida.
Mientras hojeaba una librería polvorienta, me topé con un ejemplar gastado de “West-östlicher Divan“, que contenía deliciosas historias de lugares remotos, creencias profundas, bellos poemas y espíritus transformados, todos los cuales estaban descritos en sus páginas amarillas. Fue entonces cuando me di cuenta de que mi destino estaba sellado.
Vendí mis pocas posesiones y compré un billete de avión a la India, sintiéndome cautivado por lo desconocido y encantador.
En el momento en que pisé suelo indio, una ola de emociones me invadió. El olor a especias, el bullicio de las calles, los trajes coloridos, todo fue un placer. Caminé por callejones retorcidos, donde templos antiguos se alzaban como multitudes de piedra, con sus paredes reverberando historias de dioses y leyendas.
En uno de esos templos me encontré con un anciano sabio, cuyos ojos brillaban con la sabiduría del pasado. Me saludó con una sonrisa y me sugirió que explorara el concepto filosófico del hinduismo, que iluminaba la unidad fundamental del universo, Brahman, y fundamentaba la esencia de toda existencia.
Las enseñanzas del anciano resonaron en mi mente como un eco lejano, haciéndome anhelar el conocimiento espiritual sin más recuerdos. Pasé días enteros contemplando templos sagrados, interactuando con monjes y eruditos y absorbiendo las ideas de los Vedas, los textos hindúes fundamentales.
En busca de más conocimientos, emprendí un viaje a las montañas del Himalaya, donde los monasterios budistas pululaban por las laderas como buitres. Esas zonas tranquilas y pacíficas me brindaron la oportunidad de buscar refugio y guía en el budismo.
Los monjes, vestidos con túnicas azafrán, me enseñaron cómo alcanzar la iluminación a través de la meditación y el autodescubrimiento. Descubrí que el “yo” es un mero producto de nuestra imaginación, una construcción mental que se desvía de la realidad. Mi aspiración era alcanzar la tranquilidad y la paz interior.
Viajé a las antiguas ciudades de China, donde los palacios y templos taoístas abundan en belleza y serenidad. El Tao, una fuerza de vida, me enseñó a vivir el presente, aceptar los defectos y buscar el equilibrio para la perfección.
En jardines, rodeados de rocas esculpidas y deliciosos estanques de agua cristalina, reflexioné sobre las enseñanzas de Lao-tzu y Confucio, quienes me guiaron hacia una vida en armonía con el mundo natural.
Partí de las tierras orientales con el corazón rebosante de experiencias y el alma aprisionada de sabiduría ancestral. La naturaleza dualista de Occidente fue reemplazada por la naturaleza unificada y abarcadora de Oriente. Llegué a comprender que la vida no es un sempiterno conflicto, sino una danza con el cosmos.
Al regresar a mi tierra natal, experimenté una esencia diferente, con un mayor aprecio por las diversas creencias y culturas del mundo. El viaje hacia la tierra donde nace el sol había sido una experiencia de autodescubrimiento, una búsqueda hacia mi propio ser. Los viajes que me llevaron a diferentes partes del mundo me trasladaron a regresar a mi propia tierra, lo cual fue paradójico. Se mezclaron los puntos de partida y de llegada, excluyéndose únicamente la experiencia del viaje, lo que parece un pequeño detalle, pero es crucial.
Sentado en la quietud de mi hogar, años después, todavía puedo recordar las experiencias que formaron parte de mi vida. El viaje al este no sólo me abrió nuevos mundos, sino que también me brindó la oportunidad de explorar la enormidad de mi propio potencial.
Insto a todas las personas que buscan respuestas a las grandes preguntas de la vida a embarcarse en su propio viaje de autodescubrimiento. Descubre la diversidad de culturas y filosofías que dan forma a nuestro mundo, abre tu mente y corazón al conocimiento ancestral y al potencial de transformación profunda que habita en tu esencia.
¿Cómo referenciar?
Pereyra, Santiago. “Rompiendo el velo: un viaje espiritual por las tierras orientales” Revista Horizonte Independiente (Columna Literaria). Ed. Nicolás Orozco M., 19 mar. 2025. Web. FECHA DE ACCESO.
Todas las marcas, los artículos y publicaciones son propiedad de la compañía respectiva o de Revista Horizonte Independiente y de HORIZONTE INDEPENDIENTE SAS
Se prohíbe la reproducción total o parcial de cualquiera de los contenidos que aquí aparecen, así como su traducción a cualquier idioma sin autorización escrita por su titular.